“La educación está reprimiendo los talentos y habilidades de
muchos estudiantes y está matando su motivación para aprender”- Ken Robinson
Hoy en día la tasa de fracaso escolar en España se encuentra
alrededor del 22% en jóvenes de entre 18 y 24 años. ¿Qué es lo que pasa para
que tantos chicos y chicas decidan tirar la toalla con sus estudios? Y ya no
solo hablo de los adolescentes que dejan de estudiar, sino de todos aquellos,
niños y adolescentes, que durante su etapa escolar se han sentido frustrados o
considerado inferiores e incapaces de aprender. ¿Qué es lo que provoca esta
desmotivación?
El sistema educativo en España no es perfecto. Los políticos
también se deben haber dado cuenta, ya que intentan reformarlo constantemente
con medidas de cuya eficacia todos tenemos dudas. Pero, ¿cuál es exactamente
el fallo? Si esa pregunta fuera tan fácil
de responder no existiría el problema. No puede existir un sistema perfecto que
nos tenga contentos a todos, pero sí deberíamos tender a uno que nos enseñase
cosas importantes adaptadas a las necesidades de la sociedad actual y que no
margine cada vez más a los estudiantes. ¿Qué significa eso exactamente? Muchos
alumnos no se sienten estimulados por su entorno, por ejemplo, ante asignaturas
que no suponen ningún reto, que no quieren hacerte pensar, en las que solo se
espera de ti que memorices gran cantidad de información en un plazo corto para “vomitarlo”
en un examen y después olvidarlo. Por eso creo que, en todo lo posible, sería
más útil que las asignaturas estuvieran orientadas a interiorizar conceptos
básicos, y no tanto a memorizar detalles que se perderán al poco tiempo. Además,
el método de estudio que estamos acostumbrados a seguir, focalizado en el
trabajo individual, está anticuado respecto a una sociedad que nos demanda que
aprendamos a trabajar y a pensar en grupo.
Por otro lado, desde que empezamos el colegio en Primaria
estamos presionados por una sociedad que no sabe lo que necesita. Sin muchos
argumentos razonables hemos decidido que estudiar medicina es para gente
inteligente, que una carrera de letras es para el que no puede hacer otra cosa,
que escribir nunca te dará de comer y que tocar un instrumento solo debe ser un hobby.
Esta jerarquización tan radical entre letras, ciencias y artes no tienen ningún
sentido. Primero, porque es muy discutible y subjetivo cuál es realmente la más
importante de las tres, y segundo, porque realmente no están tan separadas. Debería
haber una opción de estudios mixta para alumnos que no tienen una vocación bien
definida, o bien se decantan por varias opciones de distintas ramas.
Por último, el pilar básico de la educación son los
profesores, y estoy bastante convencida cuando digo que un profesor puede afectar
completamente tu actitud ante su asignatura. Por eso, quizás la parte más difícil
de ser profesor no sea dar el temario (ya que es lo que han estudiado), sino
conectar con los alumnos, despertar su interés y sobre todo motivarlos y comprender
que no todos son iguales.
Laura García Domínguez
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